Carta Apostólica – 1 noviembre 2026

Vallejo, CDMX. Domingo, 1 noviembre 2026

La iglesia Universal el día de hoy se lleno de gozo y alegría, al recibir la hermosa carta del Apóstol de Jesucristo.

Las palabras que recibimos nos trajo un hermoso consejo: que la sabiduría del evangelio tiene un poder que trasciende todo conocimiento humano porque procede de Dios, quien conoce lo más profundo de nuestro ser. El evangelio de Jesucristo llega al alma para despertar la fe, llamar al arrepentimiento, transformar la vida y sostener una esperanza que aun la tribulación no puede apagar. Su palabra consuela, corrige, restaura y nos enseña a vivir bajo la voluntad del Señor.

Nos recuerda que nuestra esperanza no termina en esta vida. Nuestro Señor Jesucristo no promete que aquí recibiremos todo lo que se desea. Promete algo infinitamente mayor: como es el PERDÓN, COMUNIÓN CON DIOS,RESURRECCIÓN, VIDA Eterna y UNA MORADA DONDE NO HABRÁ MUERTE, LLANTO, CLAMOR NI DOLOR.Un día terminará nuestra lucha. Un día mis hermanos podrán poner sus espadas a los pies del Señor y ese día la fe se convertirá en vista y la esperanza en posesión. Entonces comprenderemos que ninguna oración fiel fue inútil.Ninguna lágrima fue olvidada y ninguna obediencia fue en vano.

Nos permite la siguiente reflexión
¿A que fuimos a la Santa Cena? A recordar que Jesucristo murió por nosotros, a proclamar que su sangre
estableció un nuevo pacto, a examinar nuestra vida y reconciliarnos con Dios, a restaurar la comunión con nuestros hermanos, a buscar consuelo para las heridas del camino, a recibir fuerza para las batallas que todavía faltan, a confirmar que aunque haya aflicción en el mundo, Jesucristo ya venció.

Si la prueba no ha terminado, pide al Señor no solamente que cambie tus circunstancias, sino que fortalezca tu espíritu, y desde lo profundo del corazón di:
-Señor Jesucristo, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa,
pero si debo atravesar esta prueba, no permitas que la atraviese sin ti. Dame la fuerza que diste a tus siervos, la paciencia que nace de la fe y el consuelo que viene de tu presencia. Que el dolor no me aparte, que la espera no me endurezca y que la lucha no apague mi amor. Hazme fiel hasta la muerte, para recibir de ti la corona de la vida.
Si mis pasos se vuelven lentos, sostenme. Si mis ojos se llenan de lágrimas, podrías dejarme seguir viendo tu luz, y si alguna vez mi corazón tiembla, podrías recordarme que soy tuyo, que por mí entregaste tu vida y que tu amor no me ha abandonado. Participé de tu mesa con lágrimas y esperanza, recordé tu muerte, agradecí tu misericordia y espero el día maravilloso en que vuelvas. Hasta entonces seguiré caminando tomado de tu mano junto a tu Iglesia hacia la vida que nos has prometido.

Señor Jesucristo: ¡permanece conmigo y haz que yo permanezca fiel a ti hasta el fin

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